San Juan Bautista de La Salle
Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y patrono universal de los educadores.
Hace más de tres siglos descubrió que la educación podía cambiar la vida de los niños y jóvenes. Hoy, esa misma inspiración sigue dando sentido a nuestro proyecto educativo.
Un hombre que cambió la educación
San Juan Bautista de La Salle nació en Reims (Francia) en 1651. Aunque procedía de una familia acomodada y estaba destinado a una vida muy diferente, decidió dedicar su vida a la educación de los niños y jóvenes que tenían menos oportunidades.
Convencido de que la educación podía cambiar la vida de las personas, reunió a un grupo de maestros con quienes puso en marcha una forma de enseñar innovadora para su tiempo. Juntos sentaron las bases de una escuela abierta a todos, centrada en la persona y comprometida con el desarrollo integral de cada alumno.
Su manera de entender la educación fue mucho más allá de la transmisión de conocimientos. Creía en una escuela donde cada alumno fuera conocido, acompañado y ayudado a descubrir sus capacidades, formando no solo buenos estudiantes, sino también buenas personas.
Más de tres siglos después, esa visión sigue viva en los colegios La Salle de todo el mundo. En La Salle Santander continuamos educando inspirados por su legado, convencidos de que la educación sigue siendo una de las mejores formas de transformar la vida de las personas
niño.
Un legado que sigue vivo
La obra iniciada por San Juan Bautista de La Salle continúa hoy presente en más de 80 países, donde miles de educadores comparten una misma misión: ofrecer una educación de calidad, cercana y comprometida con el desarrollo integral de cada persona.
La Salle Santander forma parte de esa gran comunidad educativa a nivel internacional. Cada día tratamos de hacer realidad el legado de nuestro fundador, acompañando a cada alumno en su crecimiento personal, académico y humano, con la convicción de que educar es una forma de transformar la sociedad.
Una inspiración para cada generación
«Un compromiso me llevaba a otro, sin que yo lo previera al comienzo.»
— San Juan Bautista de La Salle